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El gato es un animal que siempre ha estado rodeado por un aura de misterio y magia. Los encontramos en los jeroglíficos de los egipcios y los hemos visto en innumerables novelas y películas como el animal mágico aliado con las brujas. Por tanto, siguiendo este vínculo enigmático, han aparecido en la cultura mundana leyendas o mitos que intentan explicar el origen de algunas razas felinas.

Ese es el caso de las gatas Carey, un tipo de felino caracterizado por su pelaje tricolor compuesto por variaciones de negro, naranja y blanco. Una distribución de color única e irrepetible en cada animal que suele reproducirse generalmente en hembras.  Además, el rasgo diferenciador de estas gatas también suele ser la llama, una mancha alargada de tonos rojizos que les aparece en la frente. 

Como decíamos, las gatas Carey se han convertido en un símbolo mágico, imanes de la buena suerte a lo largo de la historia. Cuentan las historias, que los marineros japoneses no zarpaban sin una gata Carey que ahuyentara los malos espíritus. La cultura celta dice que tener una gata Carey traerá fortuna al hogar. Al igual que en Estados Unidos actualmente también están consideradas como las gatas del dinero.

A nosotros nos ha llamado la atención el mito que explica el origen de estos felinos a partir de la luna y el sol. 

Cuenta la leyenda que hace ya mucho tiempo atrás, el Sol decidió que quería participar de la vida en la Tierra. Para ello pidió ayuda a la Luna, para que cubriera su ausencia con el fin de que los humanos no se percatasen de que el astro rey ya no estaba en su lugar. La Luna aceptó y tomó la posición del sol de manera lenta pero inexorable, de manera que el Sol deseoso de vivir las experiencias de un mundo que sentía lejano, tomo forma de uno de los animales en los que mejor pasaría inadvertido y que tanto le fascinaba. Eligió una gata negra.

Y así paso el tiempo, el Sol vivió con intensidad aquellos días en la tierra hasta que la Luna, cansada de esperar su regreso decidió retirarse. El Sol tuvo que salir rápido del cuerpo de la gata negra a ocupar su lugar en el cielo, pero en su rápida huida, miles de rayos de luminosos y dorados colores, cubrieron y quedaron atrapados en la mágica piel de la gata negra. Desde entonces las hijas de aquella gata llevan el recuerdo de los rayos y destellos dorados que el Sol olvidó en su madre, así como su temperamento y sabiduría”.

No obstante, este halo de misterio ha perjudicado a las gatas Carey a la hora de adoptarlas como animal de compañía. Su colorido desbaratado al parecer no es atractivo para la gente que busca mascota felina, sin embargo desconocen esta hazaña de la naturaleza.

El manto o pelaje Carey se denomina así cuando presenta los tres colores básicos de los gatos, que como decíamos antes son el blanco, negro y naranja, así como cualquiera de sus variaciones como las cremas, los grises o azules. Estos colores deben aparecer a la vez para que el gato se considere Carey. 

Hablamos en su mayoría de hembras porque los genes que dan origen al tricolor necesitan ubicarse en dos cromosomas X y precisamente es el sexo femenino el que cuenta con los cromosomas XX. La probabilidad de que un macho tenga el manto Carey es menor, ya que se necesita que el animal posea los cromosomas XXY, en lugar de los comunes XY. No obstante, esta combinación es una anomalía genética llamada síndrome de Klinefelter y los gatos que lo padecen son estériles.